En las últimas décadas, el uso del termino 'paisaje' ha sufrido tal inflacción que hoy se hace difícil saber qué queremos decir con él. En su deriva expansiva, ha arrastrado además a otros términos relacionados -paraje, lugar, país, espacio, ambiente, entorno...- con los que ha llegado a solaparse provocando un problema de indefinición que parece meramente filológico pero que, sin embargo, afecta a la conceptuación de nuestra ya de por sí tensa relación con el territorio. Por ello consideramos pertinente abrir un espacio para clarificar las relaciones entre arte, paisaje y territorio.
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Espacio

El concepto de espacio como herramienta a priori en el desarrollo del proyecto de arquitectura, tiene sus raíces en la etapa moderna. Desde la visión estática Euclidiana de tres ejes definiendo las tres coordenadas perpendiculares, se desarolló la idea que lo asociaba irremediablemente, a un cuarto parámetro: el tiempo. En efecto, la teoría de la relatividad de Einstein modificó sutancialmente la noción del espacio moderno, estableciendo una inseparable colaboración espacio-tiempo, que modificaba la percepción del mundo físico.
Alcanza especial relevancia la idea de sujeto que percibe la obra, de modo que ésta es experimentada de muchas formas o puntos de vista y todos válidos. Por tanto, el espacio arquitectónico (o el artístico) se convirtió en el resultado -y no en el dato inicial o punto de partida-, ligado a las infinitas experiencias que podía ofrecer. Según I. Solá Morales,"esta producción de nuevos espacios está indisolublemente ligada a la explotación de los mecanismos perceptivos del sujeto humano."
No obstante, la crisis posterior a la Segunda Guerra Mundial, desarrolla la vuelta a los datos empíricos y a la fenomenología husserliana -volver a las cosas mismas- y el cambio de la noción de espacio por lugar.