En las últimas décadas, el uso del termino 'paisaje' ha sufrido tal inflacción que hoy se hace difícil saber qué queremos decir con él. En su deriva expansiva, ha arrastrado además a otros términos relacionados -paraje, lugar, país, espacio, ambiente, entorno...- con los que ha llegado a solaparse provocando un problema de indefinición que parece meramente filológico pero que, sin embargo, afecta a la conceptuación de nuestra ya de por sí tensa relación con el territorio. Por ello consideramos pertinente abrir un espacio para clarificar las relaciones entre arte, paisaje y territorio.
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Viajero vs Turista

Entre viajero y turista existe una eterna hostilidad: “El viajero estaba activo, procuraba enérgico la búsqueda de gente, de aventura, de experiencia. El turista es pasivo, espera que le ocurran cosas interesantes. Va de ‘visita turística’, espera que todo se le haga a él y para él” (Boorstin)

“La palabra turista se utiliza cada vez más como etiqueta despectiva para alguien que parece satisfecho con sus experiencias que, evidentemente, no son auténticas” . La búsqueda de la autenticidad, incentivada por la curiosidad, es la motivación primera del viajero. “La dialéctica de la autenticidad se encuentra en el núcleo de desarrollo de toda la estructura social moderna. Se manifiesta en la preocupación por la ecología, en el ataque a todo lo que sea falso, pseudo, chabacano, de mal gusto, de postín, hortera y chillón” [lo kitsch] “Tales preocupaciones conservan cierta solidaridad a nivel de la sociedad en su conjunto, como un acuerdo colectivo de que la realidad y la verdad existen en algún lugar de la sociedad y de que deberíamos tratar de encontrarlas y refinarlas” (MacCannell) Muchas veces la realidad se mixtifica para hacerla más real, más auténtica.

Podemos indagar en la génesis histórica del desprecio al turista. A finales del s.XIX nace el turista en oposición al viajero, definiéndose en su origen las dos primeras categorías del turismo contemporáneo: el guiri (turista de masas) y el mochilero (turista auténtico). Serás un viajero cuantas más vicisitudes te cruces en el camino, serás un turista si tu destino te ofrece la imagen acorde al bienestar social, la teatralización de la felicidad. El viajero ‘viaja’ solo, el turista en grupo, estableciendo una marca de distinción –distancia- económica, moral y cultural entre “yo” (viajero) y “los otros” (turistas). La obra de Julio Verne refleja la aversión finisecular de viajero y turista. Al viajero le dedica buena parte de sus Viajes Extraordinarios y al turista La vuelta al mundo en ochenta días. El progreso de las estructuras viarias y medios de transporte relativizaron el tiempo de la experiencia del viaje (el tiempo invertido en el desplazamiento).

En su deriva por el territorio el turista consume paisajes (su imagen tematizada), tiempo y movimiento. Requisitos básicos para su éxito: seguridad, comodidad, efectividad, todo proporcionado por un buen sistema de servicios. El turista debe sentirse protegido en todo momento, bajo unos niveles de confort aceptables, que sus expectativas sean cubiertas en destino. El viajero es aclamado como un “elegido” para recorrer un territorio excepcional cuando lo cierto es que no existe un solo metro cuadrado del planeta que no esté tematizado por el turismo. Todos somos turistas, nadie escapa al influjo del turismo, el viajero de hoy supone una versión tematizada del viajero de antaño. “El viajero, que considera una cuestión de honor distinguirse radicalmente del turista, haciendo de él su antítesis, es en la actualidad el primer promotor del turismo. Creando rutas y nuevas formas de viajar, el viajero deja de ser el héroe solitario del viaje para trabajar para el turismo. Cada itinerario trazado por él es un nuevo circuito. Vanguardia que fue de una civilización, el viajero ya no es más que vanguardia de una industria” (Jean-Didier Urbain) Incluso el evidencia de Urbain se hace hoy inviable, ningún turista de vanguardia puede acceder a un territorio no contaminado por la globalización, el territorio inédito ha desaparecido para siempre, bautizado ya por un congénere suyo, otro pionero de la tematización.