Existe un número contado de iconografías postaleras recurrentes en el imaginario turístico de las islas:
- Monumento: natural (drago de Icod), geográfico (Teide) o urbano (torre del Cabrera Pinto).

- Naturaleza antropizada o toda una suerte de paisajes naturales modificados en mayor o menor medida por el hombre. Exceptuando alguna puesta de sol y playa desierta esporádica, el rastro humano o su huella civilizatoria deben permanecer visible o al menos intuida a lo lejos en la forma de una pequeña aldea, paisaje agrario, carretera o sendero. Nunca la naturaleza desbordante excluye al hombre del paisaje.

- Muelle, con playa o sin ella, en primer plano o advertido a lo lejos, es una imagen redundante del postalero canario, que ocupa buena parte de los anaqueles de las tiendas de souvenirs, desprovista de elementos identitarios o identificables como “Canarias”, es decir, la imagen turística de Canarias poco tiene que ver con Canarias y mucho con la estética y representación del propio turismo. Solo el rótulo inferior, parte esencial de la imagen, aclara su procedencia.

- Elementos de devoción religiosa: santos, vírgenes, ermitas y centros de peregrinación con salmo o décima incorporada no han variado a lo largo de los años.

En el doble trayecto del viaje turístico (viaje de ida y vuelta) la postal actúa como señuelo del destino turístico, también como impresión primera del paisaje. Las expectativas del turista potencial, figuradas a través de la postal, deben ser cumplidas en destino.
