En las últimas décadas, el uso del termino 'paisaje' ha sufrido tal inflacción que hoy se hace difícil saber qué queremos decir con él. En su deriva expansiva, ha arrastrado además a otros términos relacionados -paraje, lugar, país, espacio, ambiente, entorno...- con los que ha llegado a solaparse provocando un problema de indefinición que parece meramente filológico pero que, sin embargo, afecta a la conceptuación de nuestra ya de por sí tensa relación con el territorio. Por ello consideramos pertinente abrir un espacio para clarificar las relaciones entre arte, paisaje y territorio.

Dispositivo

Es el “sistema de relaciones” que se puede descubrir entre “un minucioso ensamblaje heterogéneo de discursos, instituciones, formas arquitectónicas, decisiones reguladoras, leyes, medidas administrativas, afirmaciones científicas, proposiciones filosóficas y morales (…) Una formación que tiene como función principal responder en un momento histórico dado a una necesidad urgente” (Foucault). El escenario de una racionalidad específica se articula mediante un dispositivo que genera acuerdos en torno a un criterio histórico de verdad. Su alteración implica la percepción de esa estructura en su historicidad, la inoculación de nuevas necesidades y la reasignación de los grados de urgencia; por lo que el concepto de dispositivo pone el énfasis en el estadio del poder y en las instancias institucionales y subjetivas en las que se decanta, pero también saca a la luz los puntos de fractura de estas relaciones entre las prácticas normativas de subjetivación, las instituciones y los criterios de verdad.
Hoy se utiliza el concepto de dispositivo para designar las prácticas artísticas que articulan diversas instancias extraestéticas con el objetivo de poner en evidencia las estructuras mentales e institucionales que subyacen a los acuerdos tácitos y redireccionar su lógica hacia otros propósitos.

Jardín

Forma de practicar el paisajismo ‘in situ’ (es decir, de convertir el país directamente en paisaje) imponiéndole a la naturaleza un orden que exorcice su caos o tatuándole signos. A partir del paisajismo inglés se convierten en cuadros tridimensionales.

Identidad

Designa lo que de un ente pertenece igual a sí mismo (en el tiempo, el espacio o determinadas condiciones). Como “lógicamente” sólo se puede conocer lo que es igual a sí mismo, desde sus orígenes el pensamiento occidental se consagró a pensar la sustancia, es decir, a identificar lo que permanece: su objeto es lo idéntico, lo que las cosas -que no son (estables)- en realidad son, pues sólo de las cosas que son (estables) se puede tener conocimiento –epistēmē–, del resto sólo cabe tener mera opinión –dóxa–. La identidad es el atributo del Ser y la Naturaleza de las cosas, es decir, la preocupación fundamental del ser humano. Pero de esa identidad tenemos inicialmente un solo dato: es diferente a la multiplicidad devenida, no es lo que vemos sino otra cosa.
De todo lo que es, sólo merece atención lo esencial, lo que tiene identidad. Nada tiene de particular que, si esta es la mentalidad que reposa en el mismísimo origen de nuestra tradición intelectual, la identidad se convierta forzosa y forzadamente en la máxima aspiración individual o colectiva, en la condición sine qua non para ser verdaderamente y, sobre todo, para ser objeto de consideración, es decir, para ser (re)conocido. Una identidad que sólo se puede conseguir retornado a la esencia: a la postre no se discute si se es o no se es (por ejemplo, canario), sino que se asume de entrada que no se es (por ejemplo, canario), por una especie de pecado original de existencia (naturalmente decaída), y que se debe uno a sí mismo el esfuerzo de ser (por ejemplo, canario), es decir, de convertirse en copia (y no simulacro) de un atributo que, en realidad, sólo es una abstracción filosófica.
La identidad (y su colaborador necesario, la diferencia) proporciona una orientación retrograda a la perfectibilidad humana y la desliga de la agencia; pero la inquietud que produce el carácter siniestro de la modernidad, unida a la desorientación que provoca el capitalismo postfordista (cfr. Mentalidad burguesa) alienta la nostalgia de certezas sustanciales. Del mismo modo que utilizamos contradicciones en los términos como la del “desarrollo sostenible” para edulcorar un concepto a todas luces insostenible, creamos oxímoros como el de “identidades múltiples” o “variables” para revitalizar un concepto infame que no sólo late detrás de la inmensa mayoría de los asesinatos masivos y los procesos históricos de segregación sino que, además, encubre nuestra disposición a someternos a los atributos antes que comprometernos en la engorrosa tarea de imaginar para nosotros mismos una vida digna de ser vivida. Preferimos seguir hablando de identidad aún a sabiendas de la improcedencia del término, para evitar hablar de estilo, idiosincrasia, distinción, compromiso, ejemplo y, sobre todo, de la fuente de todo ello, de coherencia y responsabilidad.

Imagen

La imagen es una superficie sobre la que se proyecta significado que media entre los hombres y el mundo (cuando media entre el individuo y el territorio tiende a convertirlo en paisaje). La realidad es demasiado compleja, tratar de valorar todos los elementos necesarios para conceptuar algo como algo (las personas, los actos, los objetos, las situaciones…) resultaría paralizante. Necesitamos reducir las sensaciones a paradigmas arquetípicos (el mal padre, el trabajo bien hecho, la buena vida, las acciones prácticas…). Las relaciones entre la imagen y la cosa no son naturales, se establecen una vez que la relación explicativa se ha hecho efectiva. Esta relación contingente nos permite conocer y evaluar. Por ello la importancia de la imagen es difícil de exagerar; de ahí el interés por crearlas. Y por destruirlas.
Durante siglos las imágenes ocuparon un ámbito muy limitado en el que el poder representaba las ideas que debían ser imitadas. En la cultura del espectáculo y el bio.poder la imagen ha proliferado e invadido los cuerpos, sociales y físicos, y ha dejado de representar la cosa para suplantarla. Esa autonomía con respecto a la idea, que define su naturaleza post.lingüística, la convierte en un síntoma y en un simulacro: ya no nos orienta entre las cosas, se convierte ella misma en cosa que dificulta más nuestra orientación.

Imaginabilidad/legibilidad

Kevin Lynch construye la metáfora de la “lectura de los espacios urbanos” en comparación con la “lectura de textos” que no está exenta de problemas cuando se aplica a dichos espacios y a la arquitectura en general. Por ello se inventa el término imaginabilidad, que sustituye la idea de “leer los espacios” por la idea de “imaginarlos”.

Impacto ambiental

Conjunto de perjuicios (externalidades negativas) causados por una actividad o por una edificación determinadas sobre otras actividades o espacios, rurales o urbanos.
(Esquinas inteligentes. Inés Sánchez de Madariaga)

Infraestructuras

Inversiones del capitalismo global (a cargo de los contribuyentes locales) para subvencionar el traslado de mercancías y hacerlo parecer rentable.

Integración Paisajística

Una actuación se considera integrada en el paisaje si no afecta negativamente al carácter del lugar y no impide la posibilidad de percibir los recursos paisajísticos.
(Decreto 120/2006 Reglamento de Paisaje de la Comunidad Valenciana. artículo 50.1.)

In visu

El país, elaborado y trascendido por el arte, se convierte en paisaje, algo más que mera naturaleza, que simple territorio. Pero el arte puede trasformar el territorio ‘in situ’, directamente, o ‘in visu’, indirectamente, mediante la mirada. El privilegio cultural contemporáneo concedido a la acción sobre la actuación favorece las acciones ‘in situ’ (desde la arquitectura al land art, pasando por la jardinería) sobre las actuaciones ‘in visu’, más sutiles y menos agresivas pero, históricamente, mucho más eficaces para modelar y desviar la mirada y, con ello, los hábitos. La naturaleza imita al arte, el territorio se adapta él solo a nuestros modelos de belleza, deseo y bienestar. Si nos gustan los coches, aparecerán carreteras, si nos gusta el turismo, parques temáticos.

Hábitat

Originalmente procede del verbo habitare que está relacionado con las características ambientales -tanto bióticas como abióticas- idóneas para que una especie vegetal o animal, desarrolle sus hábitos de vida. Su raíz ecológica alusiva básicamente a la supervivencia, se complejiza con su uso para designar también los entornos adecuados para la vida humana y amplía el significado englobando muchos mas factores culturales, económicos, institucionales, urbanísticos, religiosos, etc... El hábitat humano -rural o urbano- satisface estas necesidades particulares del individuo, pero irremediablemente involucra en su desenvolvimiento, a un conjunto de personas que viven en sociedad.

Hiperrealidad

Eco habla de hiperrealidad en referencia al parque temático. Disneilandia es el mayor parque temático y espacio hiperreal del mundo, donde “la irrealidad absoluta se ofrece como presencia real” , “una copia verosímil, ilusoriamente verdadera de la realidad representada” . La imagen turística sustituye a la real en un movimiento que Eco identifica como falsedad auténtica. La imagen hiperreal de Tenerife es Pueblo Chico, un diorama donde los tópicos turísticos de la isla se reúnen a pequeña escala. Los visitantes salen con la ilusión cuasi-real de haber recorrido la isla al completo sin tener un contacto real con el territorio. Si el ángulo es adecuado la foto es perfecta, la sensación de haber estado “allí” se cumple a la perfección. La imagen es mucho más apetecible que su referente real, lo falso resulta perfectamente creíble y mucho más gratificante.



La hiperrealidad en los paisajes urbanos se dirige a la producción de su propia imagen, poco importa que su referente tenga una especialidad y temporalidad concretas. La propia definición de la imagen entraña su réplica infinita. Paisajes urbanos, paisajes en huelga, “los lugares son engullidos por su imagen” (…) “Es posible simular los tejados, ventanas y celosías de las ciudades islámicas repitiéndolos por doquier en mil y una urbanizaciones de verano o en resorts turísticos del sur de Europa” (Francesc Muñoz).

"Genius Locci"

El “genius loci” de Christian N. Schulz (1976) y también de J. Nouvel, define la atmósfera, el ambiente y el carácter de un espacio, como los puntos de apoyo de un contexto determinado necesario para hacer “arquitectura para el lugar”. Las esencias universales modernas desaparecen y la arquitectura defiende su práctica necesariamente comprometida con las cualidades pre-existentes del lugar. Se aleja así esta disciplina de la actividad productiva industrial -producción en serie, estandarización...- para servir al descubrimiento de lo que ya existe.

Gentrificación

Término con el que Sharon Zukin designó los procesos de renovación urbana vinculados a los cambios en las pautas de consumo y estilos de vida de las clases medias urbanas: la puesta en valor del down town, la nouvelle cuisine, la estética industrial de los lofts…
La sociedad mesocrática fordista, con su imaginario basado en la igualdad y el ‘tener’, favoreció la zoonificación y la homogeneización de las soluciones urbanas y las pertenencias. El culto postfordista a la diferencia ha desarrollado una especial sensibilidad hacia pautas de consumo idiosincrásicas que procuran mayor reconocimiento social y determinan poderosamente, en consecuencia, las expectativas y estilos de vida.
Hoy llamamos gentrificación al aprovechamiento intencional de esta coyuntura en procesos de especulación inmobiliaria, con impacto en la estructura social y la fisionomía urbana, basados en el aburguesamento -y la consecuente inflación de los precios- de una zona antaño periférica y, ahora, debido al crecimiento urbano, céntrica o estratégica. Zonas de los cinturones industriales, vinculadas a actividades fordistas en decadencia y habitadas aún por sus antiguos pobladores, son ‘colonizadas’ por nuevas actividades financieras y servicios vinculadas a estamentos sociales ‘mejor adaptados’ presionando al alza los precios mediante la creación de ‘atractores’, muy especialmente grandes infraestructuras socioculturales con arquitectura ‘de marca’, vinculados a las tendencias emergentes de consideración social.

Espacio

El concepto de espacio como herramienta a priori en el desarrollo del proyecto de arquitectura, tiene sus raíces en la etapa moderna. Desde la visión estática Euclidiana de tres ejes definiendo las tres coordenadas perpendiculares, se desarolló la idea que lo asociaba irremediablemente, a un cuarto parámetro: el tiempo. En efecto, la teoría de la relatividad de Einstein modificó sutancialmente la noción del espacio moderno, estableciendo una inseparable colaboración espacio-tiempo, que modificaba la percepción del mundo físico.
Alcanza especial relevancia la idea de sujeto que percibe la obra, de modo que ésta es experimentada de muchas formas o puntos de vista y todos válidos. Por tanto, el espacio arquitectónico (o el artístico) se convirtió en el resultado -y no en el dato inicial o punto de partida-, ligado a las infinitas experiencias que podía ofrecer. Según I. Solá Morales,"esta producción de nuevos espacios está indisolublemente ligada a la explotación de los mecanismos perceptivos del sujeto humano."
No obstante, la crisis posterior a la Segunda Guerra Mundial, desarrolla la vuelta a los datos empíricos y a la fenomenología husserliana -volver a las cosas mismas- y el cambio de la noción de espacio por lugar.

Estándar Urbanísitico

Reglas sustantivas de ordenación, definidas en la ley TRLOTC y ENC, para los suelos urbanizables o urbanos no consolidados. Por ejemplo: densidad máxima de habitantes por hectárea; edificabilidad bruta máxima; reserva mínima de suelo destinado a espacios libres públicos, dotaciones y equipamientos; previsión de plazas de aparcamiento fuera de la red viaria por vivienda, etc...
(artíc.36 DL 1/2000 TRLOTC y ENC).

Festivalización

Término que se designa el hábito de diseñar las políticas urbanas a partir de grandes eventos (olimpiadas, capitalidad cultura, Exposición universal…). Forma parte de las estrategias de marketing territorial típicas de la ciudad-marca.

"Espacio vectorial"

Modalidad de instalación en el medio físico que construye el sujeto social contemporáneo por medio de su propia percepción, de las formas de ubicarse y usar el espacio que desarrolla. Es el entorno que crea el sujeto contemporáneo en su instalación en el mundo. Al igual que el del habitante familiar y sedentario, tiene unas características propias: a su través podemos asimilar una forma de interpretación y por tanto, articular un método de actuación, una estrategia proyectual..

("Áreas de Impunidad". Ábalos y Herreros)

Espectáculo

El espectáculo es un paisaje social que determina que las relaciones humanas se hallen mediadas por imágenes. Tras la deriva del ‘ser’ al ‘tener’, privilegia ahora el ‘parecer’, en un movimiento que afirma de toda la vida humana como apariencia y, por lo tanto, como positividad tautológica: lo que aparece es bueno, lo bueno es lo que aparece.
Es la economía que se desarrolla por sí sola al margen del objetivo del bienestar humano. La acumulación de capital se convierte así en espectáculo.

Diferenciación

“Totalidad de diferencias que existen entre clases sociales, estilos de vida, grupos raciales y étnicos, grados de edad (la juventud, los ancianos), grupos políticos y profesionales y la representación mítica del pasado en el presente. La diferenciación constituye una variable sistémica: no se limita a una institución o lugar y se extiende a otros. Opera de manera independiente y simultánea en toda la sociedad. En sociedades altamente diferenciadas como las que encontramos en Europa occidental y Norteamérica, la vida social se subdivide y reorganiza constantemente con una complejidad cada vez mayor (…) La diferenciación constituye el origen de las alternativas y de la sensación de libertad en la sociedad moderna. Es, asimismo, el fundamento principal de la contradicción, el conflicto, la violencia, la fragmentación, la discontinuidad y la alienación tan típicos y evidentes de la vida moderna” (Dean MacCannell)

Desterritorializar

Los agenciamientos producen territorios, geografías que vinculan cuerpos, hábitos, conceptos haciendo plausibles sus relaciones, que crean cercanías y alejamientos y permiten recorridos con sentido. Pero estos juegos de territorialización que ponen en relación cosas hasta ese momento desvinculadas y extrañan afinidades hasta ese momento patentes implican en consecuencia movimientos paralelos de desterritorialización. Más aún, la definición de un territorio, con su componente de articulación, exige una previa desarticulación de las relaciones territoriales precedentes. Cabría decir que el territorio, más que un ente estructurado, es una puesta en acto, que no tiene más sustancia que la que se deriva de la actividad de poner en relación sus accidentes.
En buena medida cabría afirmar que el territorio natural del ser humano es la desterritorialización. No sólo por ser el único animal que no está adaptado a ningún hábitat (en todos ellos es más torpe y está menos dotado que las especies adaptadas) y es por ello el único animal capaz de adaptarse a cualquier hábitat (en todos ellos es mucho menos torpe y está mucho más dotado que las especies inadaptadas), dicho de otro modo, es el único animal adaptado a su inadaptación; sino porque sus procesos de adaptación implican una suspensión o recalificación de los hábitos previos (que le resultaría imposible a cualquier otro animal).
El proceso de emancipación que define al sujeto moderno está determinado por el abandono del hogar, en el que gozamos del calor fraternal del hábito natal y somos reconocidos como alguien ‘muy especial’, y la inmersión en la fría e insulsa sociedad civil donde somos ‘reconocidos’ como uno más, un advenedizo.
La permanente expatriación del ser humano se compensa con el establecimiento de nuevas relaciones que siempre estarán marcadas por la melancolía causada por el abandono de la ‘patria trascendental’ (donde se reconcilia vida y sentido), por la expulsión del paraíso ‘prelingüístico’ (donde la búsqueda de sentido no era sólo innecesaria sino aun inconveniente) pero que jamás nos devolverán a un estadio originario que, en realidad, siempre fue otra forma de territorialidad.
No se debe confundir la reterritorialización con el retorno a una territorialidad primitiva, o más antigua: ella implica necesariamente un conjunto de artificios por los cuales un elemento, el mismo desterritorializado, sirve de territorialidad nueva a otro que pierde la suya. (Guattari y Rolnik, cit. en María Teresa Herner).
Por ello mismo, el desarraigo humano no se traduce en una desterritorialización que no produzca nuevas formas de territorialidad. La desterritorialización es un elemento connatural al ser humano pero especialmente característico del estadio postfordista del capitalismo en varios planos: las formas de producción (deslocalización), los medios de producción (TICs), la cultura (transculturalidad), la subjetividad (personalidad flexible), las relaciones humanas (movilidad afectiva), el hábitat (movilidad geográfica)… La deslocalización de la economía ha acelerado la crisis del espacio físico como sustrato indisociable del territorio de jurisdicción de las prácticas que definen las diferencias entre “unos” y “otros” (los de “adentro” y los de “afuera”): los públicos ya no se dan cita en el patio de butacas, la institución arte ya no se ubica en el museo, las identidades ya no encuentran una tierra prometida. Pero todos ellos se reubican en discursos que definen territorios, cada día más parecidos a los mapas, que producen nuevos agenciamientos, juegos de lenguaje o poder, en el que pierden importancia las causalidades, las jerarquías, los lugares de estancia y la ganan las intensidades, los contagios, los lugares de paso.

Decrecimiento

En nuestra época la división marxista entre estructura y superestructura resulta inoperante: no es sólo que el motor de la economía sea la cultura (turismo, moda, imagen, comunicación, ocio…) o que la cultura se haya mercantilizado (la representación y el reconocimiento dependen de los valores cuantitativos de la sociedad de consumo), sino que los problemas estructurales son de índole cultural. Los obvios (integración y articulación social, redefinición de los conceptos de bienestar y ciudadanía, crisis de valores…) y los no tan obvios.
Los flujos migratorios son expresión de una lacerante desigualdad que no se puede solventar únicamente con ayuda al desarrollo: el acercamiento del continente africano a niveles no ya norteamericanos sino simplemente canarios exigiría más recursos de los que dispone el planeta. En conclusión: o legitimamos un diferencial a todas luces injusto o trabajamos el problema en dos frentes: el crecimiento de los países subdesarrollados y el decrecimiento de los desarrollados. Como llevamos siglos identificando mecánicamente crecimiento y bienestar (a pesar de que hace décadas que el deterioro ambiental –incluyo el ecosistema sociolaboral- hace indefendible el imaginario economicista de que más es mejor) la sola mención del decrecimiento causa pavor en unos ciudadanos que no encuentran otra forma de respetarse a sí mismos y cifrar su bienestar que el consumo suntuario. Y ahí es donde tanto el problema como la solución adquieren dimensiones culturales.
La obesidad no se combate desarrollando inhibidores de la acumulación de grasas, ni las enfermedades coronarias mejorando las técnicas de by-pass, ni los accidentes de tráfico con cinturones con pretensores y frenos ‘abs’, sino caminando más y cogiendo poco un coche mucho menos potente. Una solución sencilla que, al mismo tiempo, evita el cambio climático, el consumo de energías no renovables, la proliferación de infraestructuras, el alejamiento de los productores y los consumidores, la economía de escala, la separación de productores y consumidores, la zonificación urbana, el consumo de territorio, la ansiedad… El ‘desarrollo sostenible’ nos hace soñar con soluciones tecnológicas a problemas culturales para sostener lo único que de verdad le importa: el desarrollo. Por su parte, el desarrollo de la sostenibilidad exige un decrecimiento que sólo puede lograrse –evitando la catástrofe- mediante acciones culturales sobre el imaginario ciudadano que desarrollen una economía relacional no basada en la producción de bienes de consumo. En cualquier caso parece indiscutible que el debate actual no puede plantearse en términos de crecimiento sino de límites al mismo, ya sean sociales, económicos, geográficos, éticos o estéticos. De igual modo, el desarrollo intelectual tiene hoy más que ver con la reducción y la articulación (la cartografía y la orientación) que con la extensión y la proliferación.

Contexto/Contextualización

Estrategia de integración paisajística basada en el establecimiento de una continuidad entre los elementos preexistentes y los nuevos mediante la referencia a pautas tipológicas, volumétricas, escalares, cromáticas, etc...
(Departament de Política Territorial i Obres Públiques de la Generalitat de Catalunya)

Conservación

Sánchez de Madariaga se refiere a la conservación como a la necesidad de preservar la integridad física del patrimonio histórico y del patrimonio y los recursos naturales, que surge a partir de la década de 1960, en oposición a la escasa atención que el urbanismo ha mostrado, en las décadas precedentes, tanto por la ciudad preexistente como por el paisaje natural.

En épocas de desarrollismo, son frecuentes estrategias urbanísticas -y de otras disciplinas- con planteamientos más o menos liberales y miras centrífugas. No se atiende a recovecos como áreas de oportunidad, así como comúnmente se hace con las vasta y desdibujada extensión de la periferia.

Carácter

Conjunto de elementos claramente reconocibles que contribuyen a hacer un paisaje diferente de otro y no necesariamente mejor o peor.
(The Countryside Agency/Scottish Natural Heritage)

Cartografía

Como el paisaje ya no puede representarse (su complejidad no puede identificarse ideológicamente con un punto de vista monofocal) se cartografía. La cartografía parte de la convicción de que el mapa no es ni pretende suplantar el territorio, no tiene pues dimensión simbólica, ni trascendente ni profunda, es un plano. Hace también referencia a la desorientación del individuo contemporáneo, a su deriva y a la pérdida del punto de vista exterior a los acontecimientos. En este escenario las obras y el obrar adquieren carácter relativo, cartográfico. La actuación se convierte en una toma de postura, la definición de un lugar que, una vez señalado, altera la propia topografía en la que se inscribe y exige por ello una constante resituación. De ahí que el sentido (de la actuación) cobre un carácter espacial y se convierta en sentido de la orientación, en un modo de hacer derivar un orden de cosas hacia otra dirección.
En este paradigma cobra importancia la toma de posición local, la ubicación: entender un significado es reconocer su lugar dentro del sistema, la posición que ocupa una imagen, un objeto o un acontecimiento en relación a los discursos políticos, estéticos, geográficos o institucionales. El lugar es siempre un lugar discursivo.

Ciudad

En origen, la ciudad fue sobretodo un sitio de intercambios y transacciones, un lugar al que acudir para hacer negocios, mercaderías, establecer nuevos vínculos o consolidar los existentes. En definitiva, un lugar de relaciones entre personas o grupos de personas. Su morfología original, por tanto, era básica y directa: un espacio donde desarrollar esta actividad a modo de plaza-mercado, rodeado por las primeras escuetas residencias. Un asentamiento de situación geográfica ventajosa, fortalecido por el amurallamiento que salvaguardaba la vida de los habitantes; "la ciudad intra-muros".

La ciudad actual extiende sus hilos de relaciones mas allá de sus límites geográficos (por otro lado, indefinidos). El eco-sistema -pues las interacciones tienen lugar entre elementos vivos-, se ha transformado en un sistema de sistemas, o supersistema, en tanto estas interacciones se suceden en todas direcciones, de forma no jerárquica y por estratos superpuestos. Podríamos decir que nuestros espacios urbanos -nuestra ciudad venida a menos- son el resultado de una codificación (o estriado según Deleuze) de nuestros hábitos de vida.

La liberalización de mercados, la deslocalización de las actividades productivas, la irrupción de las nuevas tecnologías con internet a la cabeza, desmenuzan el concepto original de ciudad para dejarnos en un término medio: la ciudad difusa (a partir de la teoría de los conceptos difusos de Lofti Zadeh en 1965). Una ciudad difuminada (en contraposición a la ciudad compacta) a medio camino entre lo natural y lo artifical, donde la arquitectura se adapta apoyándose en cualquier lenguaje, pero sobretodo en el lenguaje de la inmediatez. Una ciudad que deviene en ciudad marca cuando además carga con los adjetivos turísticos. Es la sucesión de gestos arquitectónicos o urbanísticos -a modo de macro proyectos- enhebrados con un hilo de escasa entidad, con la convicción de captar la máxima atención de cualquiera (turista en potencia).

Y por oposición, pero curiosamente con la misma fuerza, el arquitecto holandés Rem Koolhass experimenta una visión de ciudad genérica (2006) como sobreviviente de lo que una vez sí fue ciudad. Clonada hasta el infinito gracias a la inmediatez de las comunicaciones, sobretodo la ciudad estadounidense, abandera este fenómeno de la globalización. Un "modelo" que reconocemos en cualquier lugar del mundo.

Colectividad

Es la comunidad de los que no tienen nada en común, el grupo de los ciudadanos modernos que, en plena crisis del estado-nación y de la religión prescriptiva se plantean el reto de actuar éticamente en virtud no de las prescripciones de la comunidad premoderna sino precisamente de su ausencia. Sus relaciones electivas y no atribuidas reconocen la necesidad de un ordenamiento pero no para salvaguardar la homogeneidad del grupo sino su heterogeneidad.

Comunidad

Es la colectividad romántica que basa su cohesión y su solidaridad en la lógica de la identidad y la diferencia y, en consecuencia, mediante la exclusión (real o cultural) del otro. Vinculada a una homogeneidad impensable en el mundo multicultural y a una subjetividad premoderna se reedita en el formato populista del nacionalismo extorsionador o de la micropolítica de la diferencia.

Crear-recrear

Inventar, reproducir, representar algo con ánimos de satisfacer las expectativas individuales -personales- o colectivas sobre un determinado asunto.

Calidad

Concepto extendido en nuestra forma de vida actual –e inventado en la modernidad- que suma valor a muebles e inmuebles. Ha derivado en la exigencia del cumplimiento de diversas normativas al respecto. El concepto de “sociedad del bienestar” exige su omnipresencia.

Bioregión

Región natural en la que la economía puede integrarse en un ecosistema relativamente autónomo que minimiza la dependencia del comercio a gran escala.

Bienestar



El bienestar se relaciona por regla general con la calidad de vida personal, esto es, con las condiciones materiales de un territorio que posibilita el desarrollo económico-social necesario para el progreso personal. Es vinculante al binomio trabajo-ocio, el estado de bienestar prometía a los trabajadores ocio y tiempo libre, vacaciones pagadas y viajes allende los mares. El ocio acabará reemplazando a la ocupación como marcador veraz de la organización social. “No solo los juegos y las diversiones sino la vida misma existe para nuestro disfrute. El mundo del trabajo no ha montado ninguna contraofensiva, responde marchitándose, ofreciendo a los trabajadores una libertad cada vez mayor de las restricciones que les impone. El mundo del trabajo no ha montado ninguna contraofensiva, responde marchitándose, ofreciendo a los trabajadores una libertad cada vez mayor de las restricciones que les impone” (MacCannell)

Los espacios turísticos reúnen en un corto intervalo espacio-tiempo el sueño del bienestar, la sobreabundancia material, la idealización geográfica, el territorio de las relaciones personales enriquecedoras, un hipotético paraíso donde se consumarán todas las necesidades reales e imaginadas de sus consumidores. La crisis del estado del bienestar ha impedido su representación fidedigna pero la postal –entendida como la imagen turística por antonomasia- es la única representación del bienestar que pervive a su crisis. El paisaje del bienestar es el paisaje turístico, una tierra utópica donde todos los deseos serán cumplidos: un mundo idílico de paisanos en perfecta armonía con su entorno, experiencias únicas y relaciones entrañables. Para Umberto Eco el bienestar radica en el more, adverbio de cantidad que aparece invariablemente en la publicidad televisiva de Estados Unidos. Nunca se dirá sírvame otro café u otro café sino more coffee. Explicita “mucho más” de lo que puedas alcanzar. Lo inalcanzable, la sobreabundancia solo se hace posible en la postal turística.

Bio.poder

En el capitalismo avanzado el poder no se presenta como una coerción externa dotada de un aparato represivo frontal, adquiere más bien la forma de microimpulsos que disciplinan nuestras apetencias más íntimas mediante una poderosa maquinaria de seducción a la que nuestros propios cuerpos sirven de plataforma de expansión. De ahí que la resistencia al poder deba adquirir la forma de una protección micropolítica contra nuestros propios deseos. Esta circunstancia modifica radicalmente la tradicional apuesta vanguardista a favor del principio de placer y en contra del principio de realidad de la mentalidad burguesa.

Branding

Aplicación de las técnicas propias del marketing de marcas a cualquier otro ente, desde uno mismo (selfbranding) a una ciudad.

Astroturismo

La propia esencia del turismo –esencia del todo económica- necesita la generación de nuevos productos de consumo que dinamicen la entrada y salida de visitantes, otras modas postaleras, la creación de nuevas expectativas del viaje y parques temáticos afines a la producción de los nuevos hábitos de consumo.

El último grito de la industria turística es el astroturismo. Las altas cotas de las montañas y los cielos estrellados de las islas (otra invención de los promotores turísticos) atraen a un sector minoritario y alto poder adquisitivo que gusta de grandes caminatas a los puntos energéticos del territorio. Allí tendrá la oportunidad de avistar ovnis y descifrar las rutas estelares. Ha generado una nueva moda postalera, cielos y nubes altas ocupan ahora el espacio de las puestas de sol.

Apunte

Dibujo espontáneo de un lugar, a mano alzada, que expresa impresiones o cualidades que el autor pone en valor por parecerle significativas.

“Áreas de impunidad”

Aquellos lugares en los que se cuajan las prácticas de una nueva sociedad civil. Es en estas áreas donde puede desplegarse el espacio vectorial. Son oportunidades para desarrollar programas libres de ataduras respecto a jerarquías, centros o figuras retóricas, son oportunidades y programas (por inventar en gran parte) en los que pueden desarrollarse los modos y prácticas del nuevo sujeto social: acciones que permiten desplegar una topología tangente.
("Áreas de Impunidad". Ábalos y Herreros)

Agenciamiento

Una estructura presupone un sistema, puede articular elementos dispares pero tiende a homogeneizarlos mediante relaciones jerárquicas típicas de un “pensamiento arborescente”. Polemizando con este paradigma, el postestructuralimo promueve un pensamiento que, como un rizoma…
…conecta cualquier punto con otro punto cualquiera, cada uno de sus rasgos no remite necesariamente a rasgos de la misma naturaleza; […] No está hecho de unidades, sino de dimensiones, o más bien de direcciones cambiantes. […] Contrariamente al grafismo, al dibujo o a la fotografía, contrariamente a los calcos, el rizoma está relacionado con un mapa que debe ser producido, construido, siempre desmontable, conectable, alterable, modificable, con múltiples entradas y salidas, con sus líneas de fuga… (Deleuze y Guattari, Mil Mesetas).
Este ‘pensamiento rizomático’ fijará su atención menos en los entes individuales que en los acontecimientos, fortuitos y aleatorios, que problematizan el hábito de contemplar la realidad bajo el prisma de pares bipolares (cuerpo y alma, historia y naturaleza, bueno y malo…) y ponen en relación cuerpos e ideas mediante un procedimiento que tiene menos que ver con la filiación y la causalidad que con las alianzas y los contagios.
El ‘engrudo’ capaz de superar las categorías dicotómicas y establecer relaciones entre elementos heterogéneos es el agenciamiento, una noción, más amplia que la de estructura o forma, que Deleuze y Guattari proponen como unidad mínima de la significación en lugar de la palabra, el concepto o el significante pues es la ‘lógica’ imperceptible que atraviesa los cuerpos, las ideas, los referentes y sus relaciones haciéndolas plausibles. Cabría quizá poner este concepto en relación con la visión pragmática del lenguaje del Wittgenstein que afirmaba que el significado de las palabras y los enunciados derivaba de su uso, es decir, que las relaciones (que transmiten la sensación de ser) coherentes entre las palabras no se deducen de una lógica interna del lenguaje sino de las reglas vigentes en determinados ‘juegos de lenguaje’ que no se definen, por su parte, por una esencia sino por ‘parecidos de familia’. ¿Podríamos colegir que el sentido, es decir, la sensación de coherencia y sensatez que nos transmite un comportamiento o un enunciado, deriva de la existencia de un espacio mental compartido que permite percibir determinadas afinidades (y hace inconcebibles otras)?
De se así cabría pensar el agenciamiento en términos territoriales, como una geografía de los accidentes que pueden ser recorridos en un trayecto vital o mental con.sentido.
Todo agenciamiento es en primer lugar territorial. La primera regla concreta de los agenciamientos es descubrir la territorialidad que engloban, pues siempre hay una. (Deleuze y Guattari, Mil Mesetas).
Ahora bien, ese territorio si no estructurado si puesto en relación por un pensamiento rizomático ¿sería el resultado de un agenciamento o más bien el agenciamiento sería posible en virtud de la existencia de ese territorio?
Convendría entender que el postestructuralismo interpreta las estructuras institucionales, administrativas, sociales y políticas, como relaciones entre significados y juegos poder, es decir, entre realidades, lenguaje, construcciones sociales, historia(s) y sujetos que generan vectores de influencia que nos permiten actuar y limitan nuestros actos, nos reprimen, nos constituyen y nos permiten disentir en juego constantes de territorialización y desterritorialización.

Los agenciamientos son de dos tipos: agenciamientos colectivos de enunciación (que remiten a los enunciados, al régimen vigente de los signos, fijan atributos a los cuerpos los recortan y los resaltan) y agenciamientos maquínicos de los cuerpos o de deseo (que constituyen las máquinas sociales).

Cartografías del deseo



El mapa turístico está diseñado en función de las preferencias, hábitos y deseos del turista. Hay para todos los gustos (cartografía del turista náutico, enológico, cultural…), líneas y colores, la industria turística ha cuadriculado el territorio de las islas, teledirige al visitante a través de una cartografía diseñada a su medida, muchas veces sin opción de remisión en caso de transgredir “su” mapa.
















La cartografía turística debe ser perfectamente reconocible por todos. Algunas pautas iconográficas apreciables a simple vista:

- líneas verdes-red de senderos: ecoturismo.
- primacía de iconos monumentales y puntos de información: turismo cultural.
- mapa de casas rurales: turismo rural.
- barcos a escala: turismo náutico.
- …………….

Los mapas se suman a la tradición mimética del mito “afortunado” de las islas, reproducido mil veces en su devenir cartográfico.El desarrollo de las vías de comunicación de Tenerife vino promovido por su promoción como destino turístico de sol y playa. La imagen cartográfica básica del turismo en Tenerife, un salvamantel desechable sobre el que se sirve la comida, repleto de errores ortográficos y topográficos, marca el entramado viario y el cuadro de kilometrajes de los principales destinos turísticos de la isla.



Las autopistas delimitan el territorio de máxima ocupación hotelera, esto es, de estancia y pernocta del turista. Las personas se sienten más a gusto sobre la autopista misma, calmados por el tránsito de automóviles al cual pertenecen y del que solo descienden para acomodarse en otros “oasis”.La reiteración del mito –Hesperilandia- ha generado un paraíso desprovisto de cualquier atisbo de deseo. Sobrepongamos sobre la postal o la cartografía turística o la naturaleza complaciente devenida en mito la “cartografía del deseo” o territorio devenido en múltiples colores e iconos sobre el mapa de Tenerife, marcado por las motivaciones, anhelos, ocio y tiempo libre de la gente no tematizados por la industria del turismo. Lo haremos a la manera de Drago Díaz: “cartografiar la cartografía”, con una ligera variante, “cartografiar la cartografía turística”, rayas de todos los colores, iconos, motivos varios sobre un salvamantel, la nueva señalética de la percepción que los habitantes de Tenerife poseen de su propio territorio.


Dice Francesc Muñoz que “son los complejos itinerarios de la movilidad en el territorio los que acaban multiplicando el espacio de vida y el sentido del lugar del habitante metropolitano actual” y que “la movilidad se ha convertido ya en una forma de habitar el territorio”. Por eso el turista-habitante de las islas marca en función de sus deseos las líneas geográficas de su itinerario. Obtendremos como resultado una cartografía del habitar según los pobladores de Tenerife –a tiempo completo o parcial- captada a través de los intersticios y pliegues de un salvamantel, una cartografía turística básica.












El turismo funciona como catalizador de la posmodernidad, en objeto de análisis veraz de nuestra civilización. Las cartografías del deseo identifican la voluntad colectiva con la práctica turística, nuestro discurrir por el territorio reproduce los flujos turísticos que atraen cada año a miles de visitantes. Turismo de sol y playa, turismo azul (surf y vela), ecoturismo (senderismo) y turismo gastronómico y enológico ocupan el primer puesto del ocio y tiempo libre de los tinerfeños. Por norma se afirma que “el turismo no sería otra cosa que una prolongación de las costumbres, prácticas y actitudes habituales de la sociedad contemporánea” pero la afirmación funciona a la inversa, es el turismo el que tematiza la vida cotidiana, nuestro habitar el territorio, la generación del paisaje cotidiano. Hagamos caso a MacCannell, todos somos turistas, todos hacemos turismo, nadie escapa al influjo del turismo. De ahí que las cartografías turísticas también sean cartografías del deseo, los deseos y anhelos del turista cumplidos en el territorio que abarca el viaje.

Archigram; Ciudad Instantánea (1969)

La visón irónica y crítica a la vez de la sociedad post-industrial, resulta en una profusión de proyectos arquitectónicos -la mayoría irrealizables- que asumen y exageran los avances de la tecnología desarrollados una vez superados los traumas de la II Guerra Mundial. Este equipo, reincide en el dibujo -como forma de hacer arquitectura-, salpicado de imágenes superpuestas y aboga por la manipulación de fotos; resultando en collages de una forma de vida inventada más allá de la metrópolis.



Esta idea de arquitectura nómada, viaja e invade el territorio donde se asienta de repente, valiéndose de macro-estructuras capaces de soportar el equipamiento y generar el ambiente necesarios en la comunidad de destino. Es un modo de hacer "ciudad" mas libre y personalizado, donde la movilidad, el consumo, la autonomía técnica y el poder del usuario, son las características esenciales a partir de la aceptación de la moderna produción de objetos de consumo.

Además, su inclusión en áreas periféricas o en pequeñas ciudades, crea una red de información, educación y ocio que las metropoliza y las acerca al conocimiento mediado por este lenguaje del acontecimiento.







En definitiva, una arquitectura cuyos cimientos no existen, hecha de artefactos para usar y tirar y que se alimenta de la inmediatez y del espectáculo; casi una metáfora de nuestro panorama actual.

Burle Marx; Roberto




La visión moderna de paisajismo suponía para la sociedad de entonces un reencuentro con la naturaleza a través del cual poder redimir sus racionalismos, estándares y uniformidades. Y Burle Marx (1909-1994, arquitecto, botánico, pintor, escultor... ) fue uno de los primeros autores en recuperar ese concepto local difuminado por la globalización de los movimientos arquitectónico y urbanísticos. Mediante la introducción de especies vegetales endémicas y contra todo academicismo, a través de un lenguaje basado en el arte de vanguardia (cubismo y arte abstracto sobre todo), se convirtió en un referente mundial.

Literalmente, el autor pintaba sobre el territorio, trasladando así directamente su expresión artística a plazas, jardines y edificios. Quizás desde la perspectiva actual, este juego directo de "estampaciones" sobre el suelo de sus pinturas, -sustituyendo acrílicos y óleos por elementos arbóreos, de pavimentación, etc...- pervierte ambos lenguajes y se sitúa en un limbo conceptual.




Jardines de la residencia privada Cavanellas. Tapiz del Museo Imperial Paço. Cubierta ajardinada e edificio del Ministerio de Educación y SalusMES, Palacio Capanema. Jardines de la BNDES - Banco Nacional de Desenvolvimento Econômico e Social e Petrobras.



Citroën; Paul. Metrópolis (1923)

Piñeiro; Andrés, Meliá Volcán Lanzarote (2001)

La imagen acuarelosa transmite ensoñación, paraíso y por lo tanto, felicidad. Un lenguaje cuidadosamente estudiado y escogido expresamente para el tipo de destinatario : el turista actual. Asistimos a una doble representación; primero a la reconstrucción real de la arquitectura de un tiempo pasado -hoy en dia cargada de atributos de valor- y luego, a su mediatización a través de imágenes anacrónicas y obsoletas desde el punto de vista técnico. Un resultado que se vende, además, aludiendo a valores de autenticidad intrínsecos -por tanto de identidad y veracidad-, como realidad de un destino idealizado.

Popular



A través de itinerarios enhebrados con el guión de lo histórico, -que no es mas que lo ya acaecido- se reafirma el sentir local, la pertenencia y la "identidad" de un paisaje. Con el recorrido propuesto, se va a ver algo que ya no se puede ver (o casi): trazas de antiguos caminos, muros, edificaciones; panorámicas; se visitan esos intangibles. Es la creación de una determinada mirada sobre el territorio físico, o sea la creación de un paisaje que podríamos clasificar como cultural.

Parece peligroso la coincidencia con algunos de los elementos caracerísticos de la tematización que define Muñoz.

Panfleto electoral

El lenguaje se encuentra a medio camino entre el tecnicismo y la expresión "artística", sin dejar de lado ese punto infantil que avala la recepción del mensaje a todos los niveles. Enmarcado en el ámbito electoralista, las imágenes sugieren proyectos de futuro difusos, incompletos y "estandar", pero a priori exitosos. La foto-ciudad permanece fija y retraída a un segundo plano casi incoloro y el amarillo -que simboliza aquí lo peatonal, por tanto lo social, lo de todos, lo "nuestro"- gana al resto.

Este tipo de panfletos podría encontrar su similitud con la postal turística, en tanto representa la posibilidad: imágenes idílicas -o al menos mas felices- de un entorno que nos espera cada cuatro años.

Gordon Matta-Clark, Day’s End, 1975



Gordon Matta-Clark comparte con su generación el interés por intervenir conceptualmente en el paisaje, pero su trabajo supera tanto el romanticismo* -que trataba de trascender el tiempo histórico en un sublime tiempo geológico- como el modernismo* –que concebía la obra como un objeto autónomo* que existía por y para sí mismo-. Si la obra ya no representa el paisaje, hace paisaje, se convierte en una cosa más del mundo, integrada como el resto en un espacio institucional de sentido (que subsume los esfuerzos ‘iconoclastas’ del Land y el Conceptual). En consecuencia, para Matta-Clark trabajar (en) el paisaje no es un modo de escapar de la historia sino, al contrario, de reconocer que no existe un punto exterior que nos permita sustraernos a la dóxa* y mirar con perspectiva al mundo contaminado de los intereses espurios. Todo el paisaje está humanizado, es artificial, relativo, inestable, interdependiente, complejo. Desde esa convicción Matta-Clark comienza su flânerie por la periferia urbana, entre homeless y marginados, consciente de que no le situará más allá del poder pero también de que, por ello mismo, esta consustancialidad determina que el paseo altera la cartografía, que la observación modifica lo observado y puede ponerlo en crisis marcando sus puntos de fractura.

Splitting (1974)
La imposibilidad de separar lo interior y lo exterior (esa separación de lo público y lo privado en la que se basaba la cultura burguesa*) le conduce a descontruir los límites arquitectónicos convencionales en una decisión que también le distancia de su generación por no asumir la separación entre lo formal y lo conceptual: una casa es una idea material y una forma conceptual, es una máquina social compleja que produce subjetividad burguesa en la misma medida en que es la materialización de esa concepción del habitar. Su decisión de usar más las paredes que el lenguaje produce un conceptual retiniano que empotra el negativo de una obra minimalista en la estructura de la arquitectura moderna para hacer visible su tramoya y, al mismo tiempo, otros modos de definir las relaciones entre el sujeto y el entorno alternativos a la entropía de la especulación inmobiliaria que privatiza todos los espacios.

Conical Intersect (1975)

Desde estos presupuestos, Matta-Clark se interesa en Day’s end por un complejo fabril, abandonado por sus propietarios para forzar con su deterioro la recalificación de una amplia zona, ‘okupado’ por jóvenes comunistas radicales que resistían a la especulación y reclamaban el uso comunitario del espacio. Tras solicitar permiso, al objeto de no verse interrumpido en su acción, para realizar en su interior una filmación, Matta-Clark dibujó una oquedad que hizo posible que entrara la luz en aquel foco de tensiones y conflictos ocultos por la estructura arquitectónica. Frente a la previsibilidad del proceso Minimal y Conceptual su trabajo incidía en la incertidumbre inherente a la decisión de adaptar la obra a las circunstancias concretas y de situarse junto al espectador no frente a algo sino metido en algo. El mismo día de la inauguración un inspector sorteó las barreras que el artista había colocado, desalojó el local antes de la fiesta programada, detuvo al artista y le solicitó una elevada indemnización por las pérdidas patrimoniales. Antes de que se resolvieran las alegaciones de Matta-Clark sobre el incremento del valor del local tras su intervención la demanda fue retirada y el muelle demolido. Quizá nunca sepamos en qué medida la ocupación y la intervención favorecieron los intereses especulativos, lo que sí parece claro es que los muros físicos y mentales ocultan tensiones entre el control administrativo y la lógica del beneficio de un grado de complejidad del que difícilmente se puede dar cuenta mediante la sintaxis convencional del arte.

Joseph M. William Turner, Dido construye Cartago (1815); Regulus (1828) y Fiesta en la laguna (1845)

Si Friedrich había representado la destrucción, Turner avanzará en la lógica del romanticismo al destruir la representación. Parte del esquema prerromántico de Claudio de Lorena: un estrecho espacio humanizado –como el del monje de Friedrich-, presidido por afanes mercantiles y arquitecturas en ruinas (la naturaleza sobreponiéndose a las empresas humanas), se abre a través del mar al sol poniente que desdibuja las formas.




Los últimos rayos de luz y calor que unos dioses en retirada emiten sobre el secular mundo moderno repiten la apuesta por la luz y la materia frente al dibujo (el logos). Conforme el artista libera la pintura del peso de la tradición académica la energía proveniente de más allá del cuadro proclama la naturaleza abstracta de lo divino.


Dios, que podía haber hablado cualquier idioma decidió revelarse a través de la naturaleza, el pequeño creador lo emula y renuncia a hablar el lenguaje figurativo de los hombres (obsesionados por reducir todo lo que es a lo que pueden entender y, así, dominar, utilizar) para expresarse, liberar lo que de naturaleza queda en él bajo el peso muerto de la cultura.


El concepto romántico de mímesis es más radical que una mera copia: no debe ser el cuadro el que imite la naturaleza, sino el propio artista, la verdadera mímesis no consiste en imitar la natura naturata (los objetos), sino la natura naturans (la fuerza vital que los anima), es decir, el artista no es fiel a la naturaleza cuando traduce a línea la forma superficial de un árbol, sino cuando se comporta con la naturalidad y libertad del árbol mismo y crea sus cuadros con la inconsciente espontaneidad con la que el árbol crea sus ramas. El resultado no es textual, no reclama la lectura sino la contemplación piadosa, la contemplación de un acto nacido de lo más profundo del inconsciente y absolutamente al margen de la historia. Las cosas no significan, son, ‘lo que ves es lo que ves’, la tautología pictórica rememora la palabra de Dios: "yo soy el que soy", lo divino es precisamente aquello que no se puede representar porque excede las dimensiones de lo humano.

Caspar D. Friedrich, Monje frente al mar (1808–10)



La ilustración entronizó la capacidad de la razón para someter la naturaleza a la medida del hombre. Su programa se expandió por la Europa del Antiguo Régimen a lomos de la caballería napoleónica, lo que provocó el rechazo de los pueblos agredidos. En Alemania, este rechazó cuajó en una poderosa filosofía romántica que, hecha fuerte en el ámbito de la estética, se convirtió en abanderada del rechazo al racionalismo moderno. Este cuadro de Friedrich bien podría considerarse la traducción pictórica de esa sensibilidad. El hombre –de un tamaño patético y, no por casualidad, un monje- devuelve el protagonismo cobrado en el humanismo a una naturaleza sublime que desborda su perspectiva al no poder ser sometida a las categorías de la razón (y de su instrumento en el ámbito de las artes, el dibujo). Un individuo ridículo aparece anonadado frente a la inmensidad de una superficie nebulosa que, al no poder representarse mediante el dibujo, se traduce en una masa abstracta de materia y color. No puede dominarla intelectualmente, se limita a contemplarla, no la puede traducir al orden del significado, se limita a dejarla ser. El firmamento alude a todo lo que queda más allá del escueto suelo firme que pisamos (y concebimos), el mar, materia informe donde las haya, hace referencia a la navigatio vitae: el viaje a la busca de uno mismo por un terreno informe y neblinoso en el que no hay más caminos que las eventuales estelas que dejan los que, venciendo el talante acomodaticio y timorato de la burguesía, ceden a la atracción del abismo, al riesgo de abrirse a aquello que se haya más allá de la conciencia.

El artista es ese héroe místico, el favorito de la naturaleza que, emulando al Cristo, se arriesga a la alienación, la incomprensión e incluso la locura para salvarnos del pecado original que nos expulsó del paraíso contemplativo: nuestra obsesión por conocer, por traducir todo lo que es al orden del significado, del lenguaje, que impide la reconciliación de lo finito y lo infinito más acá de la muerte. El cuadro adopta una posición límite entre el más acá, estrecho y racional, de los mezquinos intereses y perspectivas humanos y una sugestiva apertura al sublime más allá capaz de disolver los muros mentales que nos encierran.

Este cuadro asienta esos elementos básicos de la gramática pictórica: la diferencia entre cifrar la atención en el delante (la dimensión mundana) o el detrás del cuadro (la dimensión trascendente), la diferencia entre privilegiar el dibujo y el relato (el logos) o la materia y el color.

Soria; Arturo, "Ciudad Lineal" (1894)

Koolhaas; Rem, "La ciudad del globo cautivo" (1972)


La expresión gráfica de la ideología Manhattaniana se encuentra, como proyecto conceptual y metafórico, dentro de las tres categorías que desarrolla el autor en sus discurso sobre la metrópolis moderna, recogido en la publicación Delirius in New York: a retroactive manifiesto for Manhattan. En ella confluyen las situaciones características: un urbanismo semi-espontáneo, una elevada densidad, la descoordinación y la congestión; en una retícula infinita e isótropa que organiza el territorio en manzanas, donde se ubican los edificios/rascacielos mas heterogéneos.


Reconocemos, entre otros, alusiones a Le Cobursier, Mies Van der Rohe y a la vanguardia rusa, con Leonidov; además de dos manzanas vacías en referencia a la muerte de los dogmas del urbanismo clásico y a la inclusión de la "naturaleza" dentro de los proyectos arquitectónicos modernos.


Esta metáfora inquiere la existencia del todo en la parte, es decir, cada manzana funciona como isla independiente, con sus leyes organizativas, en su expresión y hasta con su cultura y su idioma individual; y este conjunto como representante de todo el planeta. Koolhass adopta el método paranoico-crítico -adoptado por Dalí a raíz de la contemplación de "El Ángelus" de Millet, 1857/59- analizando la ciudad a partir de sensaciones no racionales para llegar a su esencia.